En nuestra vida cotidiana nos sentimos a menudo insatisfechos, infelices, carentes de algo que no sabemos cómo describir. Una sensación interna de vacío que va más allá de lo material y lo evidente.

Y es a través de la queja que expresamos este estado de insatisfacción. Tal vez se manifieste en protesta, tal vez culpando al entorno. Es posible que esto mismo lo expresen personas de éxito, o personas famosas, que a pesar de serlo siempre encuentran algo que está mal y por lo que no pueden ser felices.

El punto es que también enseñamos la queja y el descontento a nuestros hijos. Les enseñamos a poner más atención en lo que falta que en apreciar lo que se tiene. En lugar de enseñarles a valorar lo que hay, teñimos de insatisfacción el momento presente, descuidando incluso el círculo de amor que nos rodea.

En realidad, no importa lo que hagas ni lo que tengas, sino lo que estás siendo en cada momento. Pero lo que generalmente hacemos es evaluar la calidad de vida midiendo únicamente lo externo. Si tuviésemos la capacidad de apreciación interna, podríamos disfrutar de lo que es, lo que hay, en lugar de sufrir por lo que falta.

Y esto es simplemente una cuestión de percepción. Quienes aparentemente tienen todo en sus vidas también se sienten miserables, ¿no es así?. ¿Estamos de acuerdo entonces en que es algo relacionado con lo interno?

¿Cuántas veces te quejas al día? ¿Cuántos minutos dura cada queja y el consecuente sentirte mal por lo que te estás quejando? ¿Cuántas horas al día esta percepción te lleva a afirmar intensamente tu descontento? ¿Cuántas veces esta acción, al término del día, impide una sonrisa o un buen momento con los que amas? Es algo que hacemos en forma habitual, pero que podemos cambiar.

Este hábito va más allá del lugar en el que nos encontremos o lo que esté sucediendo. Es consecuencia del estar enfocados en el “yo no tengo”, en “necesito”, en “él no quiere hacer tal y tal cosa”, en “cómo me trata mi madre”, en “mi novio no hizo tal cosa”, o en “el hijo problema”. Siempre hay algo que falta, algo que está mal.

Si observamos con detalle podemos percibir que esta actitud es constante y que nuestro foco no se dirige hacia las cosas hermosas que suceden. No me enfoco en el amor, no me enfoco en apreciar, ni en agradecer, nooooo… me enfoco en todo lo que está mal.

¿Pero sabes qué? ¡siempre habrá algo que esté mal! Eso está garantizado, ¡la dualidad es así! En la dualidad siempre tiene que haber algo que esté mal. Hasta que te transformas en tanto tanto amor, que lo único que puedes ver es la perfección. Pero entonces la mente te dice: ¡eso no es real! Pero es así ¡es la verdad!

Puedes elegir la vibración más alta, puedes elegir enfocarte en apreciar, en agradecer, en el amor, en la unidad, eso empuja al cambio, se ocupa de las cosas muy profundamente pero no sufre por lo que percibe como injusto, sino que lo eleva. Y es  ése  el poder del amor. Ese es el poder del amor, y cuando te transformas en él, siempre serás feliz.

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¿Cuántas veces te quejas al día?
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En nuestra vida cotidiana nos sentimos a menudo insatisfechos, infelices, carentes de algo que no sabemos cómo describir.
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