Aprendemos desde pequeños a hacer y a pensar, nos enseñan que la mente y el pensamiento predominan, incluso aprendemos a crear fantasías a edad temprana, y así, a evadirnos, sin disfrutar de la realidad externa que nuestra vida nos presenta.

Lo que no aprendemos es a ser nosotros mismos, tampoco a relacionarnos con los otros. No nos fomentan el cultivo de nuestra forma natural de ser, eso que somos cuando bien pequeños. De hecho nos enseñan a ignorarla, a negarla y juzgarla, y a actuar como el entorno espera que lo hagamos.

Yo también solía siempre crear fantasías, y era la forma que yo tenía de escaparme de mí. Hoy en día lo hacemos de mil formas distintas ¿verdad?: TV, chat con video, sin video, mensajes instantáneos con fotos, sin fotos, Instagram. Vamos registrando, compartiendo, enterándonos, pero muchas veces usamos todo esto para distraernos de nosotros mismos. No es que eso sea malo, pero el bienestar es el equilibrio entre lo interno y lo externo, y para eso debemos estar presentes: con lo que sentimos, con lo que sucede afuera, con lo que hacemos. Cuando estamos presentes todo lo que sucede es increíble, casi de un mundo de maravillas. Si no, vemos solo caos, reflejo de la confusión interna.

Mi invitación es a aprender esos dos aspectos que se han excluido de nuestra educación: a ser nosotros mismos y a relacionarnos amorosamente con los otros. En realidad es un desaprender, ya que en lo profundo de nosotros yace esa claridad, esa inocencia, esa perfección del amor incondicional. A través de las facetas (pensamientos de alta vibración) del Sistema que yo creé, uno va enfocándose en la apreciación, la gratitud, el amor y la unidad, y todo lo que vibra por debajo de eso va evolucionando, y comenzamos a sanar lo que el pasado haya dejado grabado y que posee una frecuencia densa de sufrimiento. Y entonces comenzamos a vivir en dicha y en paz. Y podemos ser, y podemos relacionarnos amorosamente con los demás.

Las facetas nos llevan a estar presentes en cada momento, y entonces todo es espectacular, mejor que cualquier fantasía. Cuando comienzas a encontrar este espacio interior y esa experiencia y te instalas en esa vibración tan hermosa de silencio, también comienzas a ver la magia y la belleza de lo externo, porque ves y experimentas con el corazón.

Es muy importante compartir con los niños los valores de la apreciación. Ellos están expuestos a críticas incesantes de cosas que no entienden y copian el comportamiento de los adultos. Aprenden a percibir el vaso medio vacío en lugar de medio lleno. Otro valor fundamental que los niños deben cultivar es el agradecer. La apreciación te lleva muy pronto a agradecer lo que recibes, lo que tienes, y de esta manera vamos creciendo como seres humanos, abiertos a recibir y sentirnos felices con lo que cada momento nos da.

Vivimos en una cultura que fomenta el placer instantáneo y por lo tanto, tremenda y rápidamente perecedero. Es un cambio muy importante que tenemos que abrazar. ¿Puedes, como adulto, comenzar a hacer tú este cambio, y desde ahí entregárselo a los niños? Estoy segura que si.

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Educando para la paz
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