En estos tiempos de opciones masivas se activan internamente una serie de mecanismos que nos llevan a evaluar, a comparar y a presionarnos por el miedo a equivocarnos.

En realidad, en nuestra vida, nos desenvolvemos de formas automáticas que nos llevan a repetir, una y otra vez, el mismo resultado, cuando no nos animamos a apretar el botón de “refrescar” en nuestra información y a explorar, con una nueva opción consciente, el momento presente, libres de miedos, recibiendo aquello que es. Podemos animarnos a ser nuevos y, así, a evolucionar.

Esto no implica el qué elegir, sino el sentir desde dónde estamos tomando esa decisión. Nuestra capacidad de elegir en MACRO se relaciona con cómo lo hacemos con las pequeñas cosas.

Por ejemplo: ¿Cuántas veces en la semana, en el día por no decir, en el mes, te planteas contribuir a encarar tu día de una forma nueva, subir y bajar las escaleras en vez de esperar pasivamente el ascensor si es que te sientes como pesado, dejar el auto e irte en bicicleta si cada día cuando pasas por el parque anhelas el momento de tomar un paseo? ¿Por qué no escuchar a la compañera o al jefe con una actitud sonriente interna en vez de hacerlo con el resentimiento de un pasado choque? ¿Por qué no llevar flores a tu esposa o novia, al menos una, pequeña y perfumada, en vez de esa actitud de aburrimiento? Queremos cambios, queremos entusiasmo, queremos renovar las cosas, pero pasivamente esperamos que nos vengan de afuera, que el otro las invente, que un nuevo portal de internet nos lleve por allí, cuando los verdaderos cambios son los internos. Y si quieres un resultado nuevo, no lo vas a conseguir cambiando el afuera, porque siempre vas a volver al mismo punto. Tu actitud en ese caso es como ese medio de transporte al que te subes y te lleva a destino, pero siempre tiene el mismo recorrido.

La vida se trata de variedad, colores, sabores, olores, estímulos, interacciones, de miles de regalos que podemos recibir. ¿Pero qué sucede aquí? Lo nuevo requiere valentía, animarse, confiar. ¿Pero confiar en qué? ¡En uno mismo! Confiar en que lo que sea, que uno decida lo va a llevar por lo que uno necesita experimentar, y que si ese trayecto o experiencia no te gusta, no es un fracaso, sino un aprendizaje, y que puedes cambiar de trayecto y no ir más por allí. A veces nos gusta una parte de las cosas y las otras partes no, a veces el rechazo es interno, pues nos sentimos densos o impotentes. A preguntarse: ¿Qué puedo cambiar en mí para aportar a esto, en vez de esperar tener todo servido? Hay que recordar que ninguna experiencia en la vida es pérdida de tiempo, sino madurez ganada y responsabilidad tomada.

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