Es imposible no unir el mundo espiritual con el cotidiano si queremos tener una vida dichosa. La empresa, los negocios, el trabajo, las relaciones y la conciencia son lo mismo. Porque el tema es lo que tú estás siendo en cada momento. Lo material y la conciencia son en realidad dos lados de una misma moneda.

¿Estoy siendo productivo? ¿Estoy dando? ¿Estoy siendo consciente? Esas son las preguntas. En cada momento, ¿estoy presente? ¿Estoy eligiendo como voy a ser? ¿Estoy siendo amoroso? ¿Estoy experimentando dicha? Tenemos que ser espirituales en medio del trabajo. ¿Estoy siendo conciencia? ¿Estoy siendo consciente del medio ambiente? ¿Estoy siendo consciente de los otros?

No se trata de irse a meditar a una montaña. La conciencia es en cada momento. ¿Estoy siendo creativo? ¿Estoy dando lo mejor de mi? ¿Estoy definiéndome a mí mismo a través de mi propia excelencia? ¿Estoy dejando ir mi estrés o me lo estoy llevando a casa? ¿Qué es lo que yo estoy siendo? Porque todo es la misma cosa.

La vida se trata de variedad, de colores, de sabores, de olores, de estímulos, de interacciones, de miles de regalos que podemos recibir. Tenemos que confiar en que, lo que sea que uno decida, lo va a llevar por donde uno necesita, y que si esa experiencia no nos gusta, no es un fracaso sino un aprendizaje, y que podemos elegir cambiar de trayecto si no queremos ir más por ahí. Ninguna experiencia en la vida es pérdida de tiempo, siempre es madurez ganada, responsabilidad tomada.

En realidad, no importa tu situación si te propones cambiar, crecer, aprender a fluir en cada momento. No podemos controlar la vida, nos toca crecer, expandir nuestra conciencia, aprender a amarnos incondicionalmente. Así la vida se torna una aventura por vivir, dejándonos sorprender en cada momento con lo que es.

Nos desenvolvemos de formas automáticas que nos hacen repetir, una y otra vez, el mismo resultado. No nos atrevemos a apretar el botón de “refrescar”, libres de miedos. ¡Pero podemos animarnos a cambiar eso y evolucionar! Esto no implica el qué elegir, sino el sentir desde dónde estamos tomando esa decisión. Nuestra capacidad de elegir en lo macro se relaciona con la forma de hacerlo con las pequeñas cosas.

Destruimos algo para poder crear otra cosa mejor. Así es la naturaleza: siempre hay destrucción antes del renacimiento. Y cuando estamos pasando por todo lo que parece que nunca se vió peor, en realidad estamos plantando en terreno fértil para crear algo real e indestructible. Es aquí donde siempre llevo la invitación a moverse desde el sentirse víctima, al potencial y fuerza del creador.

Esto nuevo que estamos creando, más real e indestructible, es el amor, y esa es nuestra verdadera naturaleza. Frente a lo externo, podemos hacer una simple elección: ¿elegimos el miedo o elegimos el amor? Y la respuesta es siempre la misma: somos lo que elegimos, elijamos el amor.

Articulo original tomado de Estrella Valpo

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La vida, una aventura por vivir
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