En términos de la conciencia yo más bien hablaría de soltar el resentimiento, pues nutrirlo recordando lo sucedido es lo que nos mantiene en una prisión interna que nos envenena y nos enferma.

Si no lo soltamos transformamos lo externo en algo separado de nosotros. ¿Y a quién lastimamos? Sólo a nosotros mismos. Es una parte nuestra que no estamos pudiendo amar y nos sentimos víctimas, lo que nos lleva al sufrimiento.

O tal vez hiciste algo que no te perdonas y sigues sufriendo y castigándote. No estás tomando responsabilidad, sigues dándole poder a eso que te tortura y estás eligiendo que siga vivo AHORA.

Pero AHORA puedes tomar ese pasado como una lección y dejar de  castigarte: “Soy tan malo”, “no me merezco”, “no me siento bien conmigo”.  Con esa energía estás tomando, no puedes dar. El amor en cambio crece, cambia, evoluciona, da.  El miedo permanece congelado en el tiempo.

Existen estas ideas de que la culpa nos acerca a Dios, y es lo opuesto. Si uno está siendo el amor, se vuelve abundante,  puede dar,  amar y apreciar abundantemente, y eso es Dios, eso es amor.
El sufrimiento va de la mano con el miedo, pero del otro lado está la libertad absoluta: el amor.  ¿Quieres experimentar esa libertad? deja ir  el pasado  y en lugar de eso llénate con amor y apreciación, ¿si? ¡Prueba! A ver qué sucede

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