El amor es la cosa a la que más le tememos, de la cual desconfiamos más que nada.
El amor incondicional no puede ser controlado ni manipulado, porque no depende de una determinada respuesta. No tiene condiciones.

Esto produce miedo. Perder el control causa miedo. Muchas personas no aceptan aspectos de ellos mismos que no quieren abrazar, donde están siendo pequeños, limitados o se están abandonando a ellos mismos.
Estas limitaciones son lugares de comodidad, estas personas no quieren verse a sí mismas como son, están atrapadas en su propia limitación por miedo.

Yo era una niña cuando mi madre me dijo que era adoptada. La noticia me hizo entrar en pánico y algo dentro de mí se congeló.
El choque de la situación fue tal, que generó una respuesta física automática: comencé a protegerme del amor. Decidí que no podía confiar en nadie, porque la gente que me amaba me mentía. Y comencé a esperar eso de cualquiera que me demostrara afecto, rechazando todo lo que se me acercara demasiado.

Aunque las circunstancias puedan diferir, todos hemos atravesado este choque inicial de abandono y desilusión en nuestras vidas. Este crea el sentimiento de separación, para que podamos tener esta experiencia humana. Luego, cuando maduramos, nos encontramos frecuentemente escogiendo relaciones que crean la misma respuesta. Es como si estuviéramos procurando probar  eternamente que realmente no merecemos amor; que no somos suficientemente buenos para recibirlo.

A menudo la pareja “ideal”, alguien en que realmente puedes confiar, que te apoya y ama incondicionalmente, sería la primera persona que rechazarías. Te sentirías más atraído por alguien que estuviera fuera de tu alcance, alguien en quien nunca pudieras confiar, que no estuviera abierto a recibir tu amor y que fuera incapaz de amarte.

¿Te suena familiar? Siempre fue mi experiencia.

Cuando regresamos al amor, a nosotros mismos, nos tornamos más abiertos a ser amados. Luego, finalmente, podemos soltar esas respuestas debilitantes y de autoabandono, que tan a menudo han controlado nuestras vidas.

La relación perfecta es como un capullo que se encuentra en fase de desarrollo, nutriendo el crecimiento de cada individuo, para que ambos puedan alcanzar la perfección de su propia brillantez, encontrar sus alas y mostrar sus verdaderos colores. Entonces los compañeros se reflejan más crecimiento y perfección uno al otro. Cuando nos sostenemos el uno al otro en amor incondicional y en el crecimiento, no podemos perder nada que sea real. Cuando todo lo demás cae, sólo permanece la verdad. Puede que atravesemos juntos tiempos difíciles, puede que las estaciones cambien, pero el cambio de las estaciones trae cada aspecto a su madurez, entonces nos apoyamos el uno al otro en esto y lo que siempre permanece es el amor.

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