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Un temblor lejano que trajo movimientos cercanos

By 15 septiembre, 2015Entrevistas

emol.com  Marzo 2011.

Ha sido una semana de movimientos constantes en el otro extremo del mundo pero que evidencian lo conectados que estamos. Cuando la alerta de tsunami llegó hasta aquí, nuevamente a nuestras costas, inevitablemente disparó un sentir, un deja vu, que movilizó todo lo conocido y que desafió nuestro sentido de estabilidad, emergiendo así la emoción que, silenciosa aún, yace a raíz de todo lo vivido hace poco mas de un año.

Catástrofes como éstas nos llevan a soltar apegos superfluos, nos invitan a evaluar lo que es verdadero, lo válido, y a descartar lo que no lo es. Se derrumban no sólo estructuras externas que hay que reconstruir, sino las internas, con las que tal vez ya no podemos seguir viviendo. Un gran cambio se produce.

Sentir tan cercanas este tipo de situaciones e incluso haber vivido esa experiencia, nos lleva a compartir lo mejor de este aprendizaje. ¿Y qué es esto? Es la acción más elevada, la que nos hace más humanos y que nos inspira a todos. Es el saber lo que se puede hacer en unidad, solidarios, enfrentando lo devastador entre todos.

La destrucción que tocó a las puertas de Japón nos permite nuevamente experimentar la grandeza y la valentía que emerge en los seres humanos cuando se enfrentan a estas situaciones, y cómo todo se pone en movimiento para servir a otros. No importa qué país ni qué cultura, estas circunstancias, como seres humanos, nos mueven a una acción inmediata desde el corazón indestructible de cada uno, extendiendo las manos, alzando al otro en su necesidad, más allá de la propia pérdida. El dar es el combustible que nos mueve. Muchas historias ejemplares florecen en estos tiempos, héroes emergen inspirando al mundo. La grandeza palpita fuerte y nos muestra que siempre se puede más.

Aún así, el temor por la propia seguridad y la vida misma se han visto activados masivamente, no sólo por los movimientos de la tierra y el mar, sino además por el invisible visitante radioactivo que amenaza silencioso hacer una visita sin saber hasta dónde llegará. Y es en estas condiciones extremas donde cada persona tiene la posibilidad de elegir y ser más.

El piso se nos mueve, no hay nada en el afuera para aferrarse con seguridad, pero lo que sí podemos hacer es ir hacia adentro y encontrarnos con un corazón que está amando, que está dando, en paz, en serenidad, más allá del caos, y dedicarnos a expandir esto.

De esta manera estamos encontrando esta ancla interna que nos da seguridad, que es como un bastión, una roca donde asentarnos cuando todo se mueve, y desde allí actuar, sabiendo que la vida misma está vibrando y amando siempre en uno. De esta manera podemos descubrir que no hay nada más que ese amor.

Es extrema la experiencia, pero está siendo, es. Y sólo podemos abrazar lo que es, en cada momento, en cada uno. Incluso en esta situación podemos aplicar aquello de lo que siempre hablo con ustedes en este espacio: permitir que la apreciación crezca, la apreciación de lo que sí tenemos y podemos compartir, la apreciación de lo simple, pues la vida es simple -¡los humanos la hacemos complicada!-, la apreciación de la naturaleza y su sabiduría. Y así como los animales fluyen con los cambios dirigiéndose siempre hacia donde la naturaleza les indica ir, podemos aprender a confiar en ese saber natural que está en cada uno, ese saber que no es intelectual, que es la vibración del amor y la energía, que no está separada de nada en la vida, sino que es la vida misma en todo su potencial.

Así descubriremos que, a pesar de las circunstancias, hay un millón de pequeñas cosas que podemos agradecer, hasta que esta constante apreciación y este constante agradecimiento se tornan en un estado del ser. Y a través de esta mira cristalina, el amor forma destellos de luz casi sólida, que nos abriga, que nos ilumina, que nos cuida, nos conforta, y que se comparte en unidad.

Ustedes saben todo esto en sus corazones, escúchenlo, y yo les abrazo hoy y siempre en mi amor incondicional.

Programa 6 meses

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