was successfully added to your cart.

Una vez más la vida nos sorprende

By 15 julio, 2015Artículos

Una vez más, la vida nos sorprende en este momento, a través de una noticia que nos conmueve con la pérdida y nos lleva a reevaluar. En realidad todos los días somos sacudidos de alguna manera, pero cuando la muerte o la desaparición súbita tocan a la puerta con la pérdida de alguien masivamente querido, amado, apreciado junto a su equipo, junto a sus proyectos que nos identifican con el anhelo de servir a todos, nos mueve mucho más. Estamos en shock con la pérdida de un ser tan querido en todas las casas chilenas a la vez, un ser que es casi un miembro más de todas las familias.

Y por otro lado nosotros, esta gran familia Isha, hemos perdido a una queridísima estudiante, Carolina Gatica, quien estuvo siempre, con su sonrisa y afecto, muy presente tanto aquí en Chile como en Uruguay. Pues sí, la vida es extremadamente cambiante, y lo que en este momento está y tenemos, en el siguiente puede desaparecer.

Pero también la vida es un maravilloso y constante compartir de amor, del encuentro de lo mejor que somos y lo mejor que podemos dar, que es esta abundancia recreándose y siendo compartida en libertad, en amor, en descubrimiento, en evolución interna y externa en cada momento. Y esto es lo que no podemos perder, esto es lo que se hace cada vez más imperioso que cada uno de nosotros encuentre en lo profundo de sí, internamente, en ese lugar desde donde podemos sentir la fortaleza interna que nos apoya, la paz y el amor que nos sostiene y desde donde podemos compartir este mismo sostén con los que nos rodean. Es una presencia que no requiere un hacer, sino ser, ese ser que irradia y emana amor de cada uno enfocado en él.

Cuando estos acontecimientos nos sacuden, nos llaman a enfocarnos en lo que es realmente el ahora, el aquí, en cada momento. La incertidumbre externa nos llama a crear más certidumbre interna: y esto es la certeza y presencia que sólo puede darnos la expansión del amor-conciencia, la expansión de nuestra capacidad de abrazar la vida y dar, sin restricción, de compartir en abundancia lo mejor que tenemos.

Recuerdo hace 8 años atrás mi primer encuentro con Felipe Camiroaga en su programa matinal y nuestra larga conversación sobre halcones, aves que siempre me cautivaron y que desde niña quise tener, y fue él quien me explicó sobre ellos lo suficiente como para dar un paso más que me acercó a tener a Sat, mi halcona, que me fue regalada un par de años más tarde.

Y esto es lo que podemos hacer con aquellos que se van, abrazar lo que nos han dejado, lo que nos han dado, regalos de todo tipo, algunos agradables, y tal vez momentos difíciles pero que dispararon crecimiento en nosotros. Cada uno sabe en su corazón lo que ha recibido, especialmente si está conectado con el amor incondicional que es la fuente de todo el amor, y lo que no es así, se disolverá en esta energía y permanecerá lo verdadero, lo real, lo mejor, lo que trae una sonrisa a tu corazón.

Cuando lo externo se vuelve muy inestable o nos hace sentir nuestra fragilidad, nuestra mortalidad, si en ese momento diriges la atención hacia el interior, podrás reconocer que las diferencias no importan, que las cosas que nos preocupan y alejan de lo que es no son tan necesarias, que puedes cultivar los momentos de amor, en amor, en cuidado, en compartires del corazón, que dentro de cada uno de nosotros vibra un sí a la vida, un sí que nos une, un sí que crece y nos inspira a dar, un sí a hacer más por todos, a dejar una huella que se pueda compartir, que no vale tanto perderse en el adquirir como encontrarse en el ser y compartirse.

Incluso si nos sentimos perdidos, confusos, desorientados o desolados, todos podemos poner nuestra atención en nuestros corazones – siéntelo latir, siente su tibieza. Dentro de él podemos descubrir el amor-conciencia. Es inagotable, sin límites, y cuanto más da, más tiene para compartir. Este es el momento: este es el abrazo compartido. En cada hogar suceden pérdidas y momentos difíciles, en cada barrio, en cada ciudad y país. Pero cuando de pronto sucede algo así, algo que nos impacta a todos por el cariño, por el respeto, por la familiaridad, lo tenemos que valorar aún más.

Es hora de transformarnos a través de las acciones del amor. Estas personas caídas en este avión estaban unidas por un deseo de un compartir social, los unía la voluntad de dar a esa comunidad de la isla de Juan Fernández, y eso es algo con lo que todos empatizamos. 21 personas que cayeron antes de llegar a tierra a concretar un proyecto de solidaridad puede inspirar a miles y millones a hacer mucho más, tal vez no lejos de su hogar, a encontrar, como homenaje compartido, una forma de dar a la propia comunidad, puede ser limpiándola, puede ser cocinando una sopa caliente a quienes no tienen para comer o viven en la calle, puede ser pintando lo deteriorado, agradeciendo esta energía compartida y disfrutando un momento de unidad. Luego nos daremos cuenta que todo lo que sucede es para nuestra evolución. Aprendamos a danzar juntos frente a los eventos de dolor, en medio de las dificultades, frente a lo que la vida nos trae, descubriendo lo mejor que podamos apreciar, agradecer y amar, creciendo y dando, en unidad.

Continuamos dándonos cuenta que la vida en realidad no tiene garantías y que podemos encontrar la felicidad y plenitud abrazando su naturaleza impredecible, como esa fuerza indomable de libertad del halcón que surca los cielos y que en su magnifico vuelo regala su majestuosidad, pero que elige volver al guante de su dueño, compartiendo esa misteriosa relación que el cetrero sabe cultivar. Incondicionalidad – entrega – generosidad. Les dejo una inusual invitación a juntos compartir y celebrar, para honrar y elevar en amor nuestros mejores recuerdos de aquellos que perdimos y de aquellos que se nos permite encontrar, comenzando por uno mismo y siguiendo por toda la humanidad.

“Una vez mas la vida nos sorprende” Emol.com – Chile, Septiembre 2011

Programa 6 meses

Pin It on Pinterest

Share This