Icónica actriz, considerada “la madre de las teleseries chilenas”, es desde hace años maestra del Sistema Isha de expansión de la conciencia.

Sus padres llegaron de Hungría a Uruguay entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. Él, médico de profesión, al postergar la revalidación de su título se dedicó a representar productos farmacéuticos. Por azares de la vida, le ofrecieron ser el agente del laboratorio Richter en Chile, momento en el cual la familia Unger emigró. Yael tenía cinco años.

Proveniente de un hogar judío poco tradicionalista, no por ello faltaban en su mesa los clásicos de la cocina en ocasiones festivas. Ahí hacían su entrada triunfal la sopa de pollo con bolas de motze meil, el jrein y la matzá, entre otros. “Mi madre cocinaba delicioso, y las comidas eran más bien húngaras. Yo comencé a seguir tradiciones en Hanoar Hatzioní. Celebrábamos Shabbat y todas las festividades. Bailábamos danzas típicas de Pésaj y Sucot. ¡Me encantaba bailar!”, dice Yael Unger.

De todo menos matea en el Liceo Experimental Manuel de Salas (más bien del montón), para ella la época escolar fue literalmente maravillosa. Aunque “¡hace mil años atrás!”, confiesa con su siempre magnética sonrisa, desde temprana edad participó en el Centro de Teatro y ya a los seis años se encumbró hacia el escenario. “Mis lindos maestros, increíbles, eran casi todos profesores universitarios; personas maravillosas; educadores increíbles. Y ¡el coro! Era buenísimo. Todavía me sé las canciones que interpretábamos. ¡Ganábamos todos los premios!”, recuerda con ese orgullo adolescente.

¿Sus pololos? *…ja, ja, ja. Me gustaban los de cursos bastan- te más arriba que yo. Y las arrancadas a la chacra Santa Julia para fumar a escondidas con un grupo de compañeras, a los 14 años, o con mi amigota del alma, Betty Rezepka, eran in- olvidables. Algunas materias me encantaban, como literatura, filosofía, historia de América. Fui muy privilegiada de estar en ese colegio”, confiesa.

Terminada esa etapa, después de haber estado un año en la Hajshará (capacitación) de Hanoar Hatzioní y transcurridas varias peleas con su padre, quien se oponía a la partida de su hija, Yael Unger hizo aliá. “Era una época peligrosa en Israel y él tenía miedo de que me pasara algo. Ahora lo entiendo mejor: cuando él se vino a Uruguay dejó en Hungría a su madre, hermana y hermano, y todos fueron exterminados en Auschwitz. Eso tiene que haber sido un dolor tan grande para él…”, señala.

Tanto que…

– Nunca habló de eso. Lo que sé es por lo que me contaba mi madre. Y ahora puedo ver que eso influyó mucho en su oposición a que yo me fuera.

Luego de seis meses en Jerusalén estudiando hebreo en el Ulpán, nació su única hija en el kibbutz Kfar Glickson, donde vivió dos años. Luego se trasladaron cerca de Tel Aviv, específicamente a Ramat Hasharón. Con un matrimonio tambaleante y Dafna de sólo tres años, Yael Unger decidió regresar a Chile.

“Israel es para mí algo muy especial. Además, tengo allá a toda la familia de mi madre, pues sus dos hermanas (mis dos maravillosas tías) se fueron allá antes de la fundación del Estado a sacar piedras del desierto y crear un vergel. Así que sus hijos, nietos y bisnietos, son israelíes. Aparte de eso, por supuesto, es nuestra tierra ancestral. Sólo me entristece ver tanta violencia y separación. En Israel hay muchos movimientos en pro de la paz y la unidad”, anhela.

Con la película clara

Volviendo al tema del teatro, descubriste que era tu pasión cuando tenías sólo seis años. ¿Cómo se dio esto?

– Es un misterio para mí. ¿Cómo sabía yo lo que era actuar? Lo único que recuerdo vagamente, todavía en Montevideo, es que una de las amigas de mi mamá fue a ver la película “Casa- blanca” y me sentó en sus rodillas. ¿Será esa mi inspiración? ¿Nada menos que Ingrid Bergman? La primera vez que me preguntaron qué quería ser cuando grande, contesté sin dudarlo: actriz. Y de ahí en adelante nunca dudé de mi vocación; de mi pasión. La enterré por un tiempo cuando decidí irme a Israel, al kibbutz.

¿Tu pasión sigue siendo el teatro o cambió por ayudar a otros?

– Me encanta actuar; también dirigir, pero ahora no es a lo que quiero dedicar mi vida. Ahora mi foco está en expandir mi conciencia hasta alcanzar la conciencia humana completa y ayudar a expandir la conciencia de toda la humanidad; que las personas sean felices, se amen a sí mismas, sean íntegras, siempre dando desde una riqueza y plenitud internas, enfoca- das en la unidad y no en la separación, siendo lo mejor como ser humano, en cada momento. Y esto tiene que empezar por cada uno; tiene que empezar por mí. Desde ahí, puedo darle a los demás; desde mi propia experiencia y plenitud internas.

En Chile eres considerada “la madre de las teleseries”. Tu papel de Marcia en La Madrastra fue icónico. ¿Fue difícil decidir alejarte de la televisión y el teatro?

– No lo fue, y se dio paulatinamente, a medida que esta fuerza interna de la que te hablo fue creciendo en mí. Fue un llamado muy fuerte de mi corazón y se convirtió en lo más importante para mí. Todo lo demás pasó a segundo plano o desapareció. Fueron muchos años de búsqueda hasta encontrar a Isha, que llenaba y llena completamente mi anhelo de libertad interna, de conciencia, de amor incondicional por mí y luego por otros. Su sistema son las herramientas perfectas para lograr eso que yo andaba buscando y ahora tengo, y que cada vez va creciendo más; esa energía amo- rosa que da lo mejor de sí a uno mismo y a todos.

¿Identificas algo que gatilló esa búsqueda interna?

– Fue como un anhelo que crecía y crecía. Busqué muchísimo las herramientas que me ayudaran a encontrar eso que buscaba, hasta encontrar a Isha. Fue perfecto. Buscaba tanto algo para mi crecimiento personal como algo para entregar al mundo. Sabía que venía un salto en la evolución de la conciencia de la humanidad y quería ser parte de ello; ayudar a que su- cediera. Pero ¿dónde? ¿Dónde estaban las personas que quisieran esto mismo? Me quedó claro que la solución para el mundo era elevar la conciencia de cada uno de nosotros, pues una persona con conciencia no roba, no hace daño ni al planeta ni a sus semejantes, no depreda, es íntegra, habla su verdad, está enfocada en dar y no en competir, en la unidad, la apreciación, el amor y la gratitud. Me di cuenta de que no había nada que arreglar afuera; todo era adentro, en cada uno de nosotros. Y entonces, abrí una revista y leí que venía una maestra a dar un seminario (era Isha, claro), y ella dice: “Cuando nos sanamos a nosotros mismos, traemos paz al mundo”. Sentí en mi corazón que ahí estaba; esto era. ¡Y aquí estoy! Hace ya 16 años que me fui a hacer la maestría. En ese momento el Centro Isha estaba en Colombia, y partí. Somos un grupo de 30 maestros que junto con Isha vivimos en comunidad. Nuestro foco es la expansión de nuestra propia conciencia y la de toda la humanidad.

Y ¿cómo fue volver a las tablas con “Cartas a Jenny” (2014) para los 40 años del Teatro Imagen? ¿No te quedó picando el bichito?

– ¡No me quedó picando el bichito!… ja, ja. Al contrario, porque vi tanta diferencia en mi trabajo arriba del escenario, ahora que experimento este lugar de paz y silencio dentro de mí. Disfruté tanto el actuar, vi tanto mi crecimiento como persona, estaba tan presente, tan conectada, que me ayudó a valorar mucho más este camino que elegí para dedicar mi vida.

Valentía, ante todo

Has señalado que tuviste una “valentía casi suicida” para cambiar de rumbo; que sentiste la necesidad de servir. ¿Podrías explicar esto?

– Ja, ja, ja. Tampoco fue tanto. Lo que quise decir es que tuve la valentía, a los 62 años, de dejar todo, darme una vuelta de carnero y seguir por otro camino.

¿Sentiste miedo?

– No, Y siempre he sido así; valiente en ese sentido. Lo mismo cuando me fui a Israel, cuando volví y comencé a estudiar teatro. Lo mismo con todo. Me doy cuenta de que he seguido fielmente a mi corazón, ¡dándome un 100% cada vez y probándolo todo! Para decirlo en buen chileno: he tenido los cojones para hacerlo.

¿Retornaste a Montevideo debido a que ahí se había instalado el Centro Internacional Isha?

– Llegó un momento en que el Centro en Colombia se hizo chico y, además, casi la mayoría de nuestros estudiantes Isha, que son quienes vienen a pasar temporadas haciendo retiros profundos, estaban más bien en el cono Sur de América. Era necesario mudarse a un lugar más grande y más al sur. Isha venía a Uruguay, a Costa Azul, que es el balneario donde está ubicado nuestro Centro (justo en la mitad entre Montevideo y Punta del Este), a cabalgar. Ella es amante de los caballos des- de pequeña y también ha sido su profesión. Fue entrenadora de caballos finos de carrera. Cabalgando por la playa, vio este edificio; un antiguo hotel que estaba prácticamente en ruinas, totalmente abandonado. Había sido muy prestigioso por los años «40: el Lido Azul. Averiguamos si se vendía y, efectivamente, estaba a la venta, así que se compró y reaccionó totalmente, quedando como este hermoso Centro Internacional para la Paz, ubicado frente al mar en este apacible balneario.

Afuera los escombros

Ishani es tu nombre espiritual…

– SÍ. Significa en sánscrito “la perfecta encarnación de la con- ciencia crítica en la forma femenina”. Aclaro que conciencia crítica no tiene nada que ver con religión. Es, efectivamente, la conciencia humana completa en su forma más elevada.

Existen varios métodos holísticos de autosanación. ¿En qué consiste a grandes rasgos el Sistema Isha, basado en aceptar la vulnerabilidad para llegar a la plenitud in- terna y, finalmente, a la autosanación?

– El Sistema Isha es un método integral de autoconocimiento que nos permite encontrar una experiencia de paz, amor, felicidad y silencio interno, dentro del movimiento de la vida moderna. Desde esta conexión profunda con uno mismo (a) aprendemos a transformar todos los aspectos de nuestras vi- das y explorar el potencial que tenemos en su totalidad. No te lo puedo comparar con otros métodos; sólo te puedo decir que es muy profundo, rápido y efectivo, fácil de practicar, sencillo, pero muy potente. Los cambios que experimentas son reales y permanentes, y es un sistema totalmente experiencia; no pasa por el intelecto. Es muy orgánico, natural para los seres humanos, removiendo todo lo que te impide experimentar tu grandeza, tu plenitud, y el amor por ti mismo y los demás. Es una herramienta ideal para ser integrada a tu vida en estos tiempos vertiginosos, sin que te agarre el estrés.

Ser y convivir

La educación formal, en general, no nos enseña a aprender a ser (conocernos a nosotros mismos) y a convivir, sino que se orienta al logro de objetivos que apuntan al éxito. ¿Vislumbras que algún colegio tradicional en Chile se atreva a ser pionero en romper ese paradigma?

– Tenemos un programa educativo maravilloso para introducir en la enseñanza. Lo hemos presentado a lo largo de toda América y en Chile especialmente ha tenido una tremenda acogida, incluso a nivel ministerial, sólo que la implementación práctica ha sido menos efectiva debido a problemas más bien burocráticos o de otras prioridades contingentes para ellos. Hay muchos educadores ya en este momento con la inquietud imperiosa de refrescar, renovar y modernizar la educación, cuya estructura es vieja y anticuada. A medida que el mundo se moderniza a pasos agigantados, la educación ha quedado estancada.

“Lo que nuestro programa propone es justamente incluir en la enseñanza dos aspectos muy olvidados: aprender a ser y aprender a convivir, pilares que, según un informe de la propia UNESCO, son fundamentales en la formación de los niños, y que no han sido considerados sino más bien olvidados. Ya en Paraguay, a nivel gubernamental, se abrieron las puertas y se capacitó a un puñado de docentes en este programa educativo, además de enseñar el Sistema Isha a todos los directores regionales del área educación. Estoy segura de que en Chile y el resto de Latinoamérica, donde hemos presentado este valioso programa, muy pronto se producirá una explosión. Y es lindo, pues estamos preparados para implementarlo, ya que en estos momentos tenemos un número impresionante de personas que se han formado intensamente para ello. Es hermoso entregar a los niños herramientas para que no pierdan su conexión con su ser interno, que todos tenemos cuando pequeños”, explica Yael.

A nivel laboral, cuesta que las empresas comprendan el beneficio de mirar más allá del éxito económico y entiendan que el bienestar tanto de ellas (empleadores) como de sus trabajadores produce un círculo virtuoso que se transmite y potencia las oportunidades de crecimiento. ¿Has trabajado con el Sistema Isha en ese ámbito?

– Personalmente no. Es la propia Isha la que ha dado seminarios en empresas. Los empresarios ya se están dando cuenta de que el verdadero éxito no es llenarse los bolsillos; que tiene que haber una integración y sensibilidad en cuanto al crecimiento y bienestar del personal que, finalmente, redunda en la efectividad y calidad del producto. Se están dando cuenta, y esto es parte de la elevación de la conciencia: ser más feliz compartiendo y dando, siendo íntegro, entregando productos de buena calidad, convirtiéndote en ciudadano global donde todos colaboramos con todos a través del dar y del amor.

Isha tiene además la Fundación Educando para la Paz. do la experiencia de impartir el sistema a reos, chicos en situación vulnerable, ancianos, enfermos terminales y personas con necesidades especiales?

– Eso ha sido increíble. Efectivamente esa es nuestra labor social como fundación. Personalmente, tengo mucha experiencia dando seminarios en recintos penitenciarios tanto de mujer como de hombres. También de adolescentes y esto no solo en Chile sino en otros lugares de Latinoamérica. ¡Es impresionante el cambio que se produce en los internos! Experimentan paz; cambian su foco. Antes de aprender el sistema muchos piensan que al salir volverán a la misma vida delictual, y luego de tomar el seminario eso desaparece, y en forma espontánea, como resultado de la práctica, ellos quieren mejorar sus vidas, quieren paz, reencontrarse con sus seres queridos y dejar de hacerles daño. Es un cambio muy emocionante.

Dentro de 10 años te gustaría que la humanidad…

– Experimentara una elevada conciencia y disfrutara de la vida, en unidad.

La huella que quisieras dejar en el mundo sería…

– Vivo en el momento presente. Aquí y ahora. No tengo interés en ser recordada. Quisiera que me atesoraran como una de las personas que les enseñó a ser felices.

Summary
Yael Unger: Fiel al corazón
Article Name
Yael Unger: Fiel al corazón
Description
Icónica actriz, considerada “la madre de las teleseries chilenas”, es desde hace años maestra del Sistema Isha de expansión de la conciencia.
Author
Publisher Name
Isha
Publisher Logo
1
Hola
¿En qué podemos ayudarte?
Powered by